Diabetes tipo 1 caso real Biodecodificación

Diabetes tipo 1

Cuando el hogar se quiebra y el cuerpo clama dulzura

Diabetes tipo 1. Consultante, Laura, 20 años.
Esta joven llega a decodificar su diabetes tipo 1. Hace un año hizo un debut de diabetes con un coma diabético. Comenzamos la consulta averiguando qué situaciones estaba viviendo en ese momento, en tono de «asco repugnancia y que sentía que el hogar se dividía y se sentía dependiente de alguien», que lo perdía o se alejaba. Me cuenta que descubre varias cosas en un lapso de dos meses. Una de ellas que su mamá le había mentido otra vez. Ella se crio sin conocer a su papá (según su mamá, no tenía padre). A sus 12 años, la mamá le presenta a un hombre y le dice «este es tu papá». Pasan a vivir juntos, su mamá queda embarazada y por primera vez, siente que tiene una familia. Luego de 8 años descubre que ese papá, no era su papá sino otro hombre. Esto le genera tristeza y angustia. El hogar que se había formado se rompe. Situación que le causa asco y repugnancia (hacia su mamá por mentirle nuevamente).

Cuando el dolor se hereda y la historia se repite

Sin dulzura, sin hogar: la herida que se repite

Para eso descubre también, que ella (que tenía novio) estaba embarazada, pero había salido con alguien más. Veía como la historia se repetía. Su mamá se enoja, le cuestiona y se echan en cara las situaciones. Su madre la corre de su casa y ella sentía que dependía de su mamá para vivir, para existir, para ser. Cuando su mamá la corre y le deja de hablar, ella hace el coma diabético (casa-dividida, «día-betes», insulinodependiente=dependiente de, en este caso mamá). Necesito la dulzura de esa persona y no la tengo. No solo de la mamá sino de ese papá que había entrado a formar parte de su vida. Había recibido en esos 8 años el afecto y el hogar que no había tenido nunca. Además de sentir miedo por no saber de quién era el bebé que estaba esperando. Decide practicarse un aborto y cuando va era un embarazo ectópico. Se lo sacan, ella sigue con su novio, pero nunca le confiesa que había estado con otra persona y que no sabía si su hijo era de su novio o de la otra persona.
Aquí vemos también, cómo por lealtad invisible seguimos los mismos pasos, repetimos las historias.

Lealtades invisibles y el cuerpo como espejo de la historia

Este caso nos recuerda que las enfermedades no llegan por azar. Muchas veces, detrás de un diagnóstico hay una historia que espera ser escuchada, un dolor que necesita ser reconocido, y un patrón que pide ser transformado. Laura no solo atravesó un conflicto emocional profundo, sino que también inició un camino de autoconocimiento y sanación.

Cuando comprendemos el mensaje biológico del cuerpo, abrimos la puerta a una nueva mirada sobre nuestra salud. Si sientes que tu síntoma puede estar contándote algo más, quizás sea el momento de escucharlo.

«El síntoma no es el enemigo, es un mensaje. Y cuando lo escuchamos, comienza la verdadera sanación.»

Importante: El nombre de la consultante ha sido modificado para preservar su identidad. Todos los datos personales han sido tratados con confidencialidad y respeto.

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Facilita: Andrea Severo

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